21 Jun
2009
Es normal que durante el primer trimestre de embarazo sientas mayor cansancio y duermas más de lo habitual. El cuerpo se está acomodando a la nueva situación, la placenta está en pleno proceso de formación, tu cuerpo genera más sangre y tu corazón tiene más trabajo. Diríamos que es importante que durante esta etapa descanses y escuches lo que tu cuerpo te pide, es decir: ¡a dormir sin culpas!
Después del
primer trimestre las cosas se normalizan un poco a ese nivel, pero el sueño vuelve a verse comprometido en los los últimos meses del embarazo. En esta etapa, las embarazadas presentan mayor
dificultad para lograr un sueño profundo y continuado.
La primera razón por la que embarazada en el último trimestre encuentra problemas para dormir salta a la vista:
el tamaño de la panza. El feto crece, la panza crece con él y se hace difícil encontrar una posición cómoda para relajarnos y conciliar el sueño.
Las mujeres que acostumbran dormir boca abajo extrañarán esta posición que se vuelve imposible con el aumento del vientre.
Los médicos recomiendan dormir de costado para no presionar la panza ni soportar todo su peso encima. El aumento de tamaño del cuerpo cambia muchos hábitos y genera algunas molestias, no es raro que cueste encontrar una posición cómoda en la cama.
Otro de los factores que suelen alterar el sueño de las embarazadas es
la necesidad de orinar con frecuencia. ¿Por qué sucede esto? Muy sencillo, los riñones están funcionando más de lo normal para filtrar un mayor volumen de sangre que fluye por su cuerpo; y este trabajo extra genera más orina.
Por otra parte,
la presión del útero sobre la vejiga también produce más ganas de ir al baño, especialmente si tu bebé está activo durante la noche.
La dificultad para respirar fluidamente puede perturbar el sueño. A medida que el útero aumenta de tamaño, necesita más espacio y ejerce presión sobre los órganos que se encuentran por debajo y sobre él. Así como presiona la vejiga y provoca necesidad de orinar, también empuja el diafragma dificultando la respiración.
Los
calambres en las piernas y el dolor de cintura suelen molestar durante las noches, que es el momento en el cual se hace sentir el gran peso que soportaron nuestras piernas y espalda durante el día.
Además, durante el embarazo el organismo genera una hormona llamada
relaxina, que ayuda a preparar al cuerpo para el parto. La relaxina provoca un aflojamiento en los ligamentos de todo el cuerpo, lo cual expone a las embarazadas a lesionarse con mayor facilidad, en especial la espalda.